He muerto, atrás ha quedado mi pasado en la promesa de
mejores días, he muerto, auguraban un futuro lleno de horizontes, la admiración
hacía sonar sus notas para mis pasos llenos de entusiasmo y gallardía, creí que
el mundo sería mío, pero he muerto… no soy ni la sombra de los augurios
pasados, soy solo vida que se consume, que fenece, que se gasta, y así, he
muerto…
¿acaso alguien puede volver a la vida los años pasados, las ilusiones
rotas? He muerto, confieso que esto que soy no es más que un desconocido
transfigurado por el sinsentido, he muerto, muerto al ayer, muerto al mañana,
porque ni en uno ni en otro hay vida… he muerto e impávido contemplo el
sinsabor de las viejas pasiones, la melancolía de las ilusiones rotas aún regadas
por el suelo , la nostalgia de los viejos amores, la tristeza de no ser lo que
soñé que sería, he muerto…
confieso que aún deambulo por las calles como carne
inerte , que respiro aun cuando hacerlo no sea garantía de saberme vivo, pero
he muerto… no tengo el pulso de pasadas vibraciones, la temperatura de los
sueños de antaño ha bajado a cero, he muerto en el infarto fulminante de no
comprender el para que de esta existencia finita… he muerto apaleado en el
abrazo de la hipocresía, he muerto en la lengua venenosa de ociosos devoradores
de hombres a los que llaman hermanos, he muerto en la daga de los que más se
aman y que hieren con crueldad, he muerto en su insaciable pedir y en su escaso
dar…
he muerto y no lucho por la vida, acaso no hay otro deseo en mi más que el
de sucumbir aferrado a la dulzura de la muerte… dormir para siempre y descansar
en el regazo del no ser, ya que el ser se ciñe cruel a la espalda, reclamando
sentido a los pechos de la vida que yacen secos… he muerto, y mi tumba es el
saberme aquí perdido, que fría es la soledad cuando se agotan las respuestas,
no quiero más velorio que el del silencio de la nada, total todos son buenos
contigo en la sala de una funeraria, para que las flores, los llantos y las
palabras bonitas, nadie lo siente, acaso unos cuantos contados con los dedos de
la mano padecerán mi ausencia, los demás son los demás y no los culpo por ello,
esa es la vida, así somos, incluso yo que he muerto…
he muerto y no sé si
volver a vivir esta vida o recoger mi tienda y partir en busca de otras vidas,
menos distantes, más de mí y menos de nadie… he muerto y me pregunto si es
mejor dormir y esperar así la muerte que ha prometido alcanzarme, o si debería
correr como si con ello consiguiera escaparme, a la larga el final es el mismo,
y la existencia se parece a un absurdo paréntesis en medio de la nada.
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